
Un curso grabado cambió la forma de bañar una fresa, aunque no puedo decir exactamente en cuántos domingos. Todavía no tengo una respuesta cerrada, pero algo se acomodó en mi cocina de Tres Cerritos, en Salta, entre marzo y ahora, templando chocolate mientras afuera el viento de la sierra seca el aire de la cocina. Antes de seguir con el cuaderno: este registro tiene enlaces de afiliado, si comprás un curso desde acá me llega una comisión chica que ayuda a reponer chocolate, pero a vos el precio no te cambia en nada. Cuento solo lo que abrí en mi iPad y probé con mis propias manos, nada que no haya pasado por mi mesada.
La cosa empezó porque me cansé de adivinar. Volví un sábado del Mercado San Miguel con un cajón de fresas casi perfecto y terminé tirando media tanda, el chocolate se me hizo una pasta sin brillo, y las fresas con chocolate profesionales tras meses de práctica en mi cocina que veía en fotos ajenas me parecían de otro planeta. Lavé las fresas y las bañé casi enseguida, sin secarlas del todo, un apuro tonto que me costó la tanda entera. Ahí decidí que necesitaba algo más que paciencia y videítos sueltos de internet para que el temple de chocolate me saliera bien.
Busqué ayuda para el temple del chocolate antes de rendirme
No soy chef ni pretendo serlo, soy la bibliotecaria que lleva bombones al coro los domingos que le salen bien. Pero fallar en lo básico me daba bronca, así que me puse a buscar algo que siguiera mi ritmo de a poco, entre los libros del turno tarde y el silencio de la cocina. Encontré Fresas con Chocolate Emprende Desde Casa un sábado a la noche, mientras hervía el agua para el mate. El precio, cercano a lo que salen un par de empanadas más una pizza para llevar, fue lo que terminó de convencerme; si aprendía aunque sea a no tirar materia prima, ya me parecía pagado. Venía grabado, sin grupo de soporte, así que supe de entrada que las dudas se me iban a quedar conmigo, sola frente a la mesada.
Empecé a mirarlo entre semana, después de cerrar la biblioteca. Lo que me gustó es que no habla desde una cocina industrial con máquinas que valen un auto usado, te explica cómo moverte en una cocina como la mía, con la mesa de madera clara que ya tiene sus manchas de aceite de otros domingos y una ventana orientada al norte que deja entrar la luz de la tarde sobre el patio del edificio. El curso toca el temple del chocolate sin dar vueltas, algo que yo venía haciendo a ojo y por eso me salían las manchas blancas cada dos por tres, sin entender bien por qué.
Lo que el curso de repostería en casa explicó bien
Mirta, mi amiga del coro, fue conmigo un sábado al Mercado San Miguel y como siempre no bajó la voz ni un poco eligiendo las fresas más rojas del puesto -- toda la fila se dio vuelta a mirarla. El curso insiste en algo que ella también repite a los gritos: la fresa tiene que estar bien seca antes de tocar el chocolate, si no el baño se despega apenas se enfría. Son detalles chicos que un tutorial de un minuto no tiene tiempo de mostrar.
Una lectora de Tucumán, Lucinda Farfán, me había escrito hace un tiempo preguntando por qué su chocolate le quedaba opaco, fue de las primeras veces que alguien me consultaba algo así, y desde entonces me manda actualizaciones que nadie le pide, con fotos de sus tandas. Pensé en ella cuando el curso llegó al módulo de los moldes: ahí aprendí a cuidar mejor los moldes de silicona o policarbonato para bombones que uso, más allá de lavarlos y esperar. Nada complicado, pero antes yo los trataba como si fueran indestructibles y no lo son.
Este curso vale la pena aunque no pienses emprender todavía
Si estás pensando en algún día vender, el curso te deja una base para pensarlo con calma. Yo no vendo, pero una compañera de la biblioteca me preguntó en voz baja si la caja que traje un lunes era comprada en el centro. Esa cara de sorpresa cuando le dije que las había hecho yo el domingo a la tarde, eso, para mí, ya valía el curso entero. Igual hay que saber que una fresa bañada no aguanta mucho tiempo fresca; no es algo que se prepare el jueves para el domingo, la fruta de adentro empieza a llorar antes de lo que una quisiera.
Comparando dos cursos con el mate ya frío
También abrí, semanas después, el curso de Arreglos de Fresas con Chocolate como Oportunidad de Negocio. Lo dejé antes del tercer módulo. No porque estuviera mal armado, tiene un vendor con varios cursos en el ecosistema y un currículo bastante más explícito sobre costos y empaques, sino porque a mí se me hizo pesado, como si estuviera escuchando una charla de negocios cuando lo único que quería era que el chocolate me quedara parejo. Algunos módulos ya daban por hecho que una tenía pedidos anotados en una agenda, y yo solo tenía ganas de un domingo tranquilo con la radio de fondo.
Ahí está el dilema del aficionado, supongo: gastar en herramientas o arreglárselas con lo que hay. El termómetro digital que uso, con la pantalla rayada de tanto golpear contra las cosas en el cajón bajo mesada, donde los moldes esperan apilados con hojas de papel de cocina separándolos, me ahorró más de una tanda perdida. No hace falta comprar el mercado entero, pero un par de cosas buenas sí marcan diferencia entre lo que va a la basura y lo que brilla.
El freezer no fue buena idea
Hace un par de sábados, con mucha humedad bajando de los cerros, quise apurar el proceso y metí una bandeja de fresas al freezer para que el chocolate endureciera rápido. Craso error. Al sacarlas empezaron a transpirar enseguida y el chocolate se llenó de gotitas que no se secaron a tiempo. Toda una tarde de trabajo se volvió pegajosa en minutos, y no hay curso que te devuelva esas horas. Una aprende, a los golpes, que el calor y la humedad de esta zona no se dejan apurar así nomás.
También hay que hablar del tema salud, aunque sea de pasada. No soy nutricionista ni médica, solo una bibliotecaria con las manos manchadas de cacao los domingos. Si vas a compartir estos bombones, fijate bien con los alérgenos, el chocolate suele tener trazas de maní o lácteos, y conviene lavar las fresas con cuidado. Ante cualquier duda de alergias alimentarias, mejor consultar con un profesional antes de repartir cajas por ahí.
El veredicto, con las manos con olor a cacao
Si me preguntás hoy si recomiendo el curso de Fresas con Chocolate Emprende Desde Casa, te digo que sí, sobre todo si sos de las que necesitan que alguien te explique el porqué antes del cómo. Para la semana diez ya no estaba adivinando cada paso: me acuerdo de un domingo en particular en que el primer bombón cayó solo del molde a la mesa, con un clic tan suave que casi no lo escucho. Fue una pavada, pero me quedé mirándolo un rato largo antes de seguir con el resto de la tanda.
No es una escuela de pastelería ni promete convertirte en proveedora de nadie, es un empujón para que los domingos dejen de ser puro ensayo. No busco la perfección de una vidriera, busco ese rato de silencio antes de que arranque la semana en la biblioteca. Si te dan ganas de probar, empezá de a poco: un buen chocolate, unas fresas lindas del San Miguel y paciencia para los primeros intentos que van a salir torcidos.
Cierro el cuaderno por hoy. Mañana vuelvo a los libros y al silencio del turno tarde, pero me llevo el olor a cacao en la punta de los dedos y la certeza de que el chocolate, aunque se ponga rebelde de vez en cuando, ya no me gana como antes.